Revue de presse

 

C’est par hasard que j’ai découvert cette magnifique publication. Normal magazine organise sa ligne éditoriale selon 3 axes : l’art, la mode et le nu. 

Ainsi, chaque numéro vous plonge dans l’univers de photographes de renom ou encore méconnus, au travers d’interviews, de portfolios et de séries. C’est beau et raffiné, on peut passer des heures à regarder le travail de ces artistes qui nous content des histoires, nous font voyager dans le temps, l’espace et l’imaginaire, avec les corps sublimés comme vecteur. Un magazine et un site à savourer longuement.

 


Me mandó ese artí-culo  23245d5f93786641a5df5b485d93f72f--smiley-sticker-emojis1 mi amiga Vicky. Dijo que pensó conmigo en cuanto lo leyó. Y la verdad, las fundadoras del proyecto se plantean la misma meta que yo: que las mujeres se acepeten ellas mismas tal y como son y que la sociedad acepte a las mujeres tal y como son.

Envoyé par mon amie Vicky, cet article et le projet qu’il présente correspondent totalement à mon ambition : que les femmes s’acceptent telles qu’elles sont et qu’elles soient acceptées telles qu’elles sont !

1.001 culos: el experimento de dos fotógrafas francesas para demostrar que el cuerpo perfecto no existe Leer Más…

Collectionner 1001 fesses de femmes.

De toutes formes, âges, couleurs. Voilà l’oeuvre photographique un peu folle que nous avons entreprise, d’abord auprès de nos amies, puis auprès de femmes inconnues, afin de créer un long poème visuel à travers des rencontres et des échanges féminins et uniques ! Lire la suite…


Petites luxures

Me mandó el articulo mi amiga Vicky y me resultó muy interesante. Los dibujos me encantan: divertidos,naíf, inventivos y eróticos. Además, la manera de pensar del artista me llamó la atención. Nuestra visión de la censura en las redes sociales (estuve prohibida yo por unas fotos eróticas, ni siquiera desnudas) que autorizan la venta de esclavas sexuales es igual. Igualmente tratamos de defender la igualdad de los sexos con un erótismo sin la supremacía del varón. Por último, intentamos de evitar la vulgaridad de lo demasiado explícito y tenemos claro que el sexo y la imaginación son cosas importantes.

dibujos eróticos instagram
 
 

A veces los proyectos más interesantes surgen de situaciones adversas. Eso fue lo que le ocurrió a Petites Luxures. Cuando no le quedó más remedio que quedarse en cama por un problema de salud, en vez de desesperarse y ponerse de un humor de perros, aprovechó para focalizar toda esa energía en algo creativo (y cargado de buenas vibraciones). Desde ese momento, hace menos de dos años, imaginó un universo en el que el sexo y el ingenio se dan la mano. Porque sus ilustraciones son una invitación a participar pero sin ponértelo fácil. Aquel que mira debe esforzarse en completar las líneas, aportar su propia dosis de imaginación e incluso escarbar en los deseos escondidos debajo de la alfombra.Y todo eso sin perder la clase ni el savoir faire.

Petites Luxures es un alter ego. Lo único que sabemos sobre la persona que se esconde detrás de él es que vive en París, trabaja como diseñador gráfico y disfruta del sexo. Pero a pesar de no ponerle una imagen a su obra, en su cuenta de Instagram @petitesluxures  sus seguidores se cuentan por miles. Hablamos con él (o ella) vía e-mail -por expreso deseo del entrevistado- sobre cómo lo sutil puede resultar más poderoso que lo evidente y acerca de la doble moral de la censura.

https://www.instagram.com/p/8yoohcpNgt/embed/captioned/?v=7

¿Cómo te iniciaste en la ilustración?

Siempre he dibujado, al menos desde que fui capaz de coger un bolígrafo, pero este proyecto es bastante reciente. En noviembre de 2014 me pasé unos cuantos días en cama porque estaba enfermo/a, así que empecé a dibujar para mantenerme ocupado/a.

¿Te gustaría haber trabajado como tatuador/a?

Para nada. La verdad es que me gustan los tatuajes pero cuando era joven quería ser arquitecto/a, después dibujante y después diseñador gráfico, que es lo que soy ahora.

https://www.instagram.com/p/-2AKpNJNlF/embed/captioned/?v=7

Nadie conoce tu identidad. ¿Por qué prefieres esconderte detrás de un alter ego? ¿Es importante eliminar las etiquetas sobre uno mismo a la hora de crear?

Quiero que la gente tenga una visión neutral a la hora de contemplar mis ilustraciones. Eso les ayuda a imaginar sus propias historias sobre mis dibujos, y así hacerlos suyos. Sería más difícil si supiesen quién está detrás de esas escenas, y además tendrían muchas ideas preconcebidas sobre ellos.

¿Qué es lo que le resulta excitante a Petites Luxures? ¿Crees que hay diferencias entre lo que le parece sexy a un hombre y a una mujer?

Lo que me excita es cosa mía (y de la persona con la que comparto mi vida) (Risas). Pero mi inspiración para dibujar viene de todo lo que me rodea; lo divertido de mi trabajo es convertir cosas que no son eróticas en cosas que sí lo son. Creo que cada persona tiene sus propios fetiches, sea mujer u hombre. De todas maneras, no tengo un objetivo específico, solo hago caso a mis sensaciones. Así que espero que a los demás también les resulte excitante.

https://www.instagram.com/p/BJtFRxbjKjO/embed/captioned/?v=7

La diferencia entre la forma y la temática está presente en la obra: tus dibujos son naíf pero las situaciones que describen son explícitas. ¿Por qué lo haces?

Así puedo ilustrar escenas sexuales fuertes sin tener que resultar vulgar, o tener que volverlas demasiado obscenas. Solo son líneas, imagina las mismas secuencias en fotografía, podría resultar incluso pornográfico. Me gusta la idea de “falso naíf”: al principio mis dibujos parecen inocentes, pero si miras más detenidamente…

¿Hay algún mensaje político que te gustaría enviar con tus ilustraciones?

No quiero enviar ningún mensaje político. Pero me gustaría transmitir que el sexo y el placer son dos de las cosas más naturales del mundo, y que no es vergonzoso tener un momento de locura con aquel o aquellos a los que quieres. Practicar sexo no debería ser algo embarazoso, aunque tantas décadas de educación férrea nos hayan hecho sentir lo contrario.

https://www.instagram.com/p/BH786qEjC8C/embed/captioned/?v=7

¿Eres feminista?

Quizás, pero solo porque quiero mostrar que la gente es igual en placer y en sexo. Y todas las sociedades –y también el mundo del erotismo y la pornografía– han intentado presentar a las mujeres como personas inferiores a los hombres, y no estoy para nada de acuerdo con eso.

Tus ilustraciones están de alguna manera incompletas. ¿Es así?

Porque quiero que mis dibujos resulten “interactivos”: cuanto menos enseñes, más tendrá que imaginar el que mira. Y la imaginación tiene mucho peso en el proceso erótico, en la excitación. Si hubiese elegido hacer dibujos “completos”, sería como si hubiese dicho “tómalo como está”. Pero prefiero decir “toma este comienzo, imagina tu propia historia y haz de esta ilustración algo tuyo”.

¿Cómo es la sociedad francesa con respecto al sexo?

No sé cómo es la vida sexual de todos los franceses. Pero de manera global creo que está bastante equilibrada: cientos de años de educación religiosa han convertido el sexo en un tabú, pero la revolución sexual de los sesenta y los setenta acabó en cierto modo con ello. Ahora puedes tener conversaciones explícitas sobre sexo con tus amigos sin que por eso resultes demasiado obsceno o perverso. Aun así, tiene que ser en un ámbito privado; no vas a gritar por la calle “ayer practiqué sexo y fue genial”, pero puedes contárselo a un amigo (sea este chico o chica) sin problema.

https://www.instagram.com/p/BI0Ypk3jNBJ/embed/captioned/?v=7

En muchas de tus ilustraciones hay una figura con el tatuaje de un ancla en su espalda. ¿Eres tú o alguien que tú conozcas?

¿Quién sabe? Es una alusión a alguien real, eso seguro.

En tu obra logras convertir un momento diario como cocinar o pintarse las uñas en algo erótico. ¿Cómo lo haces?

La mayoría de los dibujos son ficciones, fantasías. Me inspiran las cosas de mi día a día: la música, un lugar, un color, una palabra… Entonces mi trabajo es imaginar escenas eróticas de todas esas cosas. Es un ejercicio divertido. Con un poco de imaginación, todo puede resultar erótico si te lo propones. Estoy seguro/a de que todo el mundo se ha excitado alguna vez con algo que se supone que no es erótico, ¿no?

Se percibe un componente importante de disfrute en tu obra. ¿Es intencionado?

Sí, me gusta la idea de insouciance (un estado mental entre la calma y la despreocupación total). El sexo es gratis, y no necesitas nada para poder hacerlo (incluso puedes hacerlo estando solo). Es la manera más poderosa y natural de conseguir placer y de olvidar nuestros problemas por un momento.

¿Cuáles son tus influencias?

Intento no mirar demasiado de cerca a mis grandes influencias porque quiero que mi obra sea espontánea y personal, y que no se vea influenciada por artistas que eran o son bastante mejores que yo. Pero me gusta mucho el trabajo de Guido Crepax y Aubrey Beardsley, por ejemplo. Y de arte no erótico me gusta Savignac, Saul Bass o Jean Jullien: imágenes muy simples con ideas muy fuertes.

https://www.instagram.com/p/BJqoL-xj2rW/embed/captioned/?v=7

En tu obra también hay ironía, como en las ilustraciones de ‘Brexit’ o ‘Bonnes Résolutions’. ¿Cuál es tu intención?

Siempre he querido plasmar algunas ideas inteligentes y al mismo tiempo aportar algo de diversión en mi trabajo para hacer las escenas menos planas. En ocasiones un poco de ironía está genial.

¿Cómo evitas la censura en las redes sociales? ¿Qué piensas al respecto?

Siempre tengo miedo de que borren mi cuenta de Instagram, obviamente. Creo que la simpleza de mis dibujos ayuda a pasar la censura, por el momento. He visto cómo han borrado cuentas de dibujos eróticos muy sutiles por enseñar menos de lo que yo normalmente enseño. No entiendo esta censura hipócrita: puedes mostrar imágenes nazis o racistas, puedes hacer apología del terrorismo, pero no puedes siquiera enseñar el pecho de una mujer. ¿A qué se debe? Los pechos nunca han matado a nadie, es lo primero que vemos al nacer.

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En tus ilustraciones cada parte de nuestro cuerpo está sexualizada. ¿Es así?

Nadie puede decir lo que es cierto y lo que no sobre el erotismo y el placer. Todo el mundo se excita con lo que prefiere o con lo que le gusta: una parte del cuerpo, una posición. Incluso me han hablado sobre un fetichismo que tiene que ver con calcetar. Así que sí, quizás cualquier parte de nuestro cuerpo podría resultar sexual, mientras a alguien se lo parezca.

Las escenas que describes son también un proceso de aprendizaje para ser feliz y vivir bien. ¿Alguna vez has intentado comunicar este sentimiento?

Espero que la gente se sienta así cuando ve mis dibujos porque ese es el principal propósito de mi obra.

elpais.com  | 2 SEPTIEMBRE, 2016 | 10:50 H


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Orgasme et état modifié de conscience

L’orgasme est comparé par certains chercheurs a un état modifié de conscience. L’ethnologue Georges Lapassade définit ainsi les EMC, ils « rassemblent un certain nombre d’expériences au cours desquelles le sujet a l’impression que le fonctionnement habituel de sa conscience se dérègle et qu’il vit un autre rapport au monde, à lui-même, à son corps, à son identité ». Ces EMC nous les expérimentons lorsque nous rêvons, au cours de la méditation, grâce au yoga, dans l’hypnose, au travers de transes chamaniques ou sous l’effet d’hallucinogènes.

Les recherches montrent que les zones du cerveau activées pendant l’orgasme sont les mêmes que celles qui interviennent lors d’une méditation profonde, les neuromédiateurs libérés provoquent un sentiment d’euphorie et le tout une sensation de connexion intense au moment présent.

Margot Anan, auteure de « La voie de la sexualité sacrée » (Editions Trédaniel), nous dit que cela fait 5 000 ans que les maîtres indiens et védiques ont fait le rapprochement entre méditation et orgasme :  ils « […] auraient découvert la méditation et l’éveil en explorant l’art de prolonger les états orgasmiques ! « 

De ma propre expérience, lors d’un orgasme, il est vrai que je suis totalement reliée à ce qui se passe à ce moment précis dans mon corps, tout le reste disparaît. Le champs de conscience se rétrécit pour se focaliser intensément sur le plaisir. D’où selon moi, le fait qu’il n’existe pas de plaisir plus pur. Mais si je me réfère à cet article, je n’ai pas atteint la part mystique que peut recouvrir cette expérience notamment dans le tantrisme. Jacques Lucas co-auteur avec Marisa Ortolan, de « Le Tantra, horizon sacré de la relation », parle de sentiment océanique et de perte de dimension corporelle, au profit de quelque chose de beaucoup plus vaste, un sentiment d’unité et de complétude. Marisa Ortolan suggère des pratiques simples pour y parvenir : respirer ensemble, rester connectés par le regard ou ritualiser les ébats pour inviter sa part sacrée.

Magazine Inexploré N°23 – juillet, août, septembre 2014, p. 34.


Ma nuit au club échangiste

Selon notre sondage, l’échangisme est la plus taboue des pratiques sexuelles. Pourtant, les clubs spécialisés se développent dans toute la France. Pour comprendre les motivations des adeptes, une de nos journalistes a poussé les portes sulfureuses… 

Monique Ayoun

 

Il est 23 heures. Devant la porte blindée où est inscrit « club privé », je fais les cent pas depuis un bon quart d’heure. J’hésite. Lieu impossible, lieu interdit. J’ai le cœur qui bat à toute allure… Va-t-on me voir entrer ? Une fois à l’intérieur, vais-je me faire happer par des centaines de mains et de bouches anonymes ? Mais qu’est-ce qui m’a pris d’accepter ce reportage ?… Allez, on respire un bon coup et on sonne. Après tout, les reporters de guerre aussi voient le combat de près !

Au sous-sol

Une piste de danse débouche sur une enfilade d’alcôves en renfoncement où j’entrevois successivement un jeune couple entièrement nu en train de faire l’amour, une femme d’une soixantaine d’années – vêtue de bas – assise entre deux hommes qui lui caressent les cuisses, un cadre moyen qui se déchaîne en poussant des râles, le pantalon sur les genoux. Plus loin, une femme aux seins nus – physique à la Deneuve – suce un sexe en regardant son mari qui la tient par la main… Beaucoup de gens rôdent dans le couloir comme au ralenti, un pas en avant, un pas en arrière. Hésitations, frôlements, caresses furtives. Dans un coin, une grappe d’hommes s’agglutine autour d’une proie dans un silence de mort, comme s’il y avait de la culpabilité dans l’air. Cette ambiance moite est très oppressante. J’ai la nausée… Sans doute espérais-je retrouver un peu de ces joyeuses et franches mêlées rabelaisiennes suggérées par Vincent Ravalec dans “Cantique de la racaille” !

Remontée à la surface et revigorée par un verre de whisky-Coca, j’ai livré mes premières impressions à Alice (32 ans, styliste), une jolie brune assise à mes côtés, peu surprise par mon malaise : « Il faut du temps avant de saisir en quoi cette ambiance peut être grisante, me dit-elle. Moi, j’ai mis plusieurs années… Pour un couple, fréquenter ce type de club, c’est toute une préparation psychologique. Henri et moi, nous n’y venons d’ailleurs que dans des moments privilégiés de complicité et de désir… » Alice a été longtemps « préparée » par son mari, Henri, qui a toujours aimé faire l’amour en imaginant que d’autres personnes se mêlent à leurs ébats. « Je ne partageais pas tous ses fantasmes mais j’étais très excitée à l’idée qu’on puisse nous voir en train de faire l’amour. C’est cela que nous mettons en pratique ici.

Avant d’entrer, Henri et moi établissons clairement les limites de ce que nous nous autorisons mutuellement à faire. Nous nous faisons entièrement confiance et il n’y a jamais eu de problème. Ce qu’il y a de formidable ici, c’est qu’une femme n’est pas ennuyée. Elle jouit d’une liberté totale : si vous avez envie comme moi de quelques caresses et pas plus, vous n’avez qu’à faire signe. Personne n’insistera, ne s’en offusquera ni ne vous traitera d’allumeuse ! » Alice et Henri sont mariés depuis six ans. Ils ont un enfant. Ils s’offrent « les clubs » comme une fantaisie érotique, trois ou quatre fois par an, toujours à l’improviste. « On vit quelque chose de très fort, de violent, des émotions qui nous rechargent érotiquement pour plusieurs semaines. »

Qui sont les clients ?

Des couples unis (légitimes ou non) à 50 %. L’autre moitié est composée de couples « légers », amants d’un moment, auxquels vient s’ajouter toute une frange de « branchés », de curieux ou d’égarés : des collègues de bureau qui, un soir, « pour rigoler », ont décidé de s’offrir « un plan sexe un peu délire »… C’est ce que m’explique Marc. « Autrefois, ajoute-t-il, ce type de boîtes était réservé à une élite financière ou intellectuelle dont la moyenne d’âge avoisinait les 40 ans. Depuis leur médiatisation, elles se sont à la fois démocratisées et rajeunies. »
Marc propose de me présenter quelques personnes disposées à se confier. Après s’être éclipsé un instant, il revient accompagné d’un homme de 40 ans au look intello, Laurent, et d’une jeune femme en longue robe de soirée noire, Marie. Tous deux sont convaincus que l’échangisme renforce à la fois le désir et les sentiments : « Je suis marié depuis vingt ans à une femme que j’aime, déclare Laurent. Lorsque je la vois caressée et désirée par d’autres, ça me fait un peu mal mais, du coup, je retrouve toute la fougue de mon désir pour elle. Je la revois comme au premier jour. » Et Marie poursuit : « Mettre à l’épreuve sa propre jalousie, sentir la peur de l’autre, ça crée une complicité en plus. Quand on rentre du club et qu’on se retrouve tous les deux, on refait l’amour en se “repassant” le film de ce qu’on vient de vivre. On est encore plus liés parce qu’on a vécu ensemble des situations hors du commun… »

Lumières tamisées. Quelques couples très B.C.B.G. sont accoudés au bar. Je suis surprise de les trouver si « normaux ». L’atmosphère est tout de même pesante. On se dévisage à la dérobée, on se jauge, on s’évalue. Moi, je n’ose regarder personne. Je me sens très empotée. Heureusement, Marc, le directeur du club, prévenu de ma  » mission « , vole à mon secours et me propose de visiter les lieux.

Retour au sous-sol vers la discothèque, en compagnie de Marc.

J’évite de croiser les regards. L’inconvénient dans ce genre d’endroit c’est qu’une fois le seuil franchi on a le sentiment de se balader avec une pancarte où serait inscrit en grosses lettres rouges : « Je veux baiser. » Sur la piste, une femme se déshabille tandis que les autres danseurs l’entourent en frappant des mains… Zut, le groupe disparaît dans un recoin. Marc attire mon attention vers un couple de sexagénaires à l’allure distinguée : « Ils ont commencé à fréquenter les clubs au début des années 70, lorsque c’était la mode. Ils n’ont jamais arrêté. C’est leur rituel : une fois par mois depuis trente ans ! » Il me désigne alors un homme d’un certain âge : « Voilà un cas type d’habitué. Ce monsieur de 55 ans n’arrive plus à satisfaire sa très jeune femme, alors il se masturbe en la regardant s’éclater. »

Je crois que j’ai compris, il y a deux sortes de « couples unis » qui fréquentent ces clubs : ceux qui sexuellement s’entendent bien et viennent réaliser ici les fantasmes qu’ils évoquent ensemble dans l’intimité et ceux qui, au contraire, recherchent hors du couple ce qu’ils n’y trouvent pas, ou plus. Les premiers jouent à exacerber un désir qui existe déjà. Les autres se contenteraient seulement de le retrouver… Quoi qu’il en soit, tous se revendiquent fidèles en dehors de leurs incartades communes, qu’ils ne considèrent d’ailleurs pas comme des « tromperies ».

« Tromper » n’a aucun sens dans un club échangiste.

Il n’y a pas de trahison. On ne fait pas l’amour en cachette du partenaire, mais à ses côtés et sous ses yeux. Ici, le sexe est désacralisé et dédramatisé. C’est un jeu dont la règle est claire : hommes et femmes viennent s’amuser l’espace d’une soirée, puis chacun repart avec sa chacune dans la vie normale. Le risque de nouer une relation affective avec un(e) inconnu(e) est quasiment nul – d’ailleurs les clients n’échangent généralement pas leurs coordonnées. Reste à affronter l’infidélité physique. Même celle-ci est déniée par certains. Je demande à Laurent comment il gère sa jalousie. « Je tiens les mains de ma femme et lui murmure des mots d’amour pendant que je l’offre à un autre, mais cet autre n’est qu’un objet sexuel. Grâce à la capote, il n’y a pas de vrai contact physique entre eux. C’est mon sperme qu’elle reçoit ensuite en elle. Nous ne cessons pas d’être ensemble. »

Mais si Laurent n’a pas ressenti de jalousie au moment crucial, il a blêmi lorsque sa dulcinée a ensuite échangé quelques mots avec le bel étalon… Quant à Alice, la jolie brune de tout à l’heure, elle m’a avoué éprouver un plaisir masochiste à voir son mari avec d’autres : « Ça me soulage, a-t-elle ajouté. Je suis d’un naturel très jaloux et j’ai besoin de l’exprimer, alors je préfère que ce soit dans un lieu où je contrôle, un lieu où c’est “pour de rire” !… » Une forme d’exorcisme, en somme.
1 heure du matin. Changement de décor. J’ai rendez-vous avec Adam (fondateur du célèbre Adam’s Club) dans son nouveau lieu : le Club 13. Roi de l’orgie depuis trente ans, il m’expose l’éthique de l’échangisme « qui bannit l’hypocrisie régnant dans notre société au profit de la complicité et de l’échange ». J’avoue que je ne m’attendais pas à entendre autant parler d’idéal, de sentiments et de « vraie fidélité ».

A côté de moi, un homme boit tranquillement un verre avec sa copine.

Soudain surgit une fille en rouge qui s’assoit à côté de lui et lui pose la main sur le sexe. Le type se retourne, pas très content : « Attendez, j’en suis à l’apéritif ! » Je tousse pour masquer un fou rire. La fille en rouge me lance un regard complice. J’en profite pour lui mettre, à mon tour, la main dessus… Les femmes qui rêvent de câlins collectifs sont fort rares, paraît-il. Mais elles existent ! « Je m’en donne à cœur joie, sourit la fille en rouge, même dans la vraie vie, j’ai tendance à regarder les garçons comme des objets sexuels, alors ici, vous pensez, c’est génial, surtout quand on est une fille ! Si quelqu’un ne vous revient pas, il suffit d’un léger signe de tête pour l’éconduire. En revanche, si un type vous plaît, vous lui touchez directement le sexe et les présentations sont faites…
— Hum ! sauf tout à l’heure…
— C’est la première fois que je me fais rembarrer ! C’est normal ici de faire ça ! C’est même bien vu. C’est ça qui me plaît justement, que tout soit permis. Mon plaisir est surtout ludique.
— Pas sexuel ?
— Aussi. J’aime cette ambiance sordide. Les gens qui s’exhibent, surtout les hommes, ne sont pas beaux. Ça me rappelle les premières peurs de la sexualité, les premiers dégoûts de l’enfance. Leurs têtes quand ils jouissent, les bruits qu’ils font, les râles… Je suis dégoûtée autant qu’excitée, c’est un peu comme une drogue… Ah ! et puis ce qu’on appelle les gang band, cette horde d’hommes qui vous entourent, ça donne le désir d’être engloutie, souillée. Plus c’est glauque et plus j’aime… »

Je demande à deux femmes qui rient ensemble, à côté de nous sur la banquette, si elles aussi aiment les « gang band ». « Oh, je trouve cela très flatteur et gratifiant, tous ces hommes autour de moi, répond Lucie, 45 ans environ. J’ai le sentiment d’être la star du moment. Et puis, quand vous avez un mari éjaculateur précoce, vous êtes bien contente d’avoir du temps devant vous et du renfort ! Mon amie Danielle, réputée nymphomane et qui n’est en fait qu’anorgasmique, apprécie beaucoup elle aussi ! »
Adam, qui a vu deux générations défiler dans son club, mesure la différence : « Les filles semblent moins érotiques que leur mère parce qu’elles ont justement moins de tabous ! Et comme les jeunes n’en ont presque plus, ils manquent d’imagination… et de fantasmes. Par exemple, je ne les vois jamais faire l’amour sur les tabourets du bar. C’est tout juste s’ils ne nous demandent pas des lits !… »

3 heures du matin.

Dans un recoin sombre, deux filles s’embrassent à pleine bouche. C’est courant, paraît-il, à cette heure tardive. Beaucoup de jeunes femmes légèrement « bi » profitent de l’alibi orgiaque pour goûter aux plaisirs du saphisme. En revanche, les relations entre hommes sont inexistantes. Les femmes ont beaucoup moins de mal à assumer leur homosexualité latente que les hommes, qui la vivent « par procuration ». Lorsque leurs doigts se mélangent sous la jupe d’une même femme…

4 heures. Je pars en même temps qu’un couple qui veut bien me déposer… Dans la voiture, je demande : « Vous raconterez votre soirée à vos amis ? » « Bien sûr que non. Nous assumons tous deux parfaitement, assure Boris (producteur de films), mais nous ne surestimons pas l’ouverture d’esprit des gens, même de nos amis les plus proches. Le tabou est trop puissant : nous serions tout de suite catalogués “pervers”. » Et Sylvie, sa femme, d’ajouter : « Il vaut mieux que cela reste secret. Cela fait partie du fantasme. On aurait bien du mal à en parler d’ailleurs, parce que même à nous, ça ne nous paraît pas vrai. Là-bas, c’est un autre monde. Quand on en sort, c’est comme si cela n’avait pas existé… » […]

Article original et entier avec toutes les infos, avis de spécialistes sur Psychologie.com


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Soy una pervertida sexual

Sí, lo soy, y estoy encantada de serlo. Puede que como usted o su vecina, aunque no lo quieran reconocer. Sin ánimo de ofender en absoluto, únicamente haciendo énfasis en cómo nos catalogaría la sociedad si realmente conociera nuestros más profundos deseos e incluso, las prácticas sexuales que llevamos a cabo en nuestra mente y con nuestro cuerpo y los ajenos.

Amiga de la perversión

Una persona pervertida muestra tendencias sexuales consideradas socialmente negativas o inmorales que se alejan de « lo normal ». En 1987 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría ya se encargó de eliminar esta expresión de la terminología psiquiátrica mundial.

Cada uno tenemos nuestras pequeñas parafilias o desviaciones de la norma, aunque el límite entre estas y el interés sexual inusual sea bastante difuso. Por tanto, no tendríamos que ir a consulta por las mismas si no generan daño a los demás ni a uno mismo, o malestar subjetivo, ni son restrictivas o nos generan dependencia, obsesión o compulsión, básicamente.

Tengo mi mente llena de erótica, pienso bastante en estos aspectos a lo largo del día, sin llegar a la obsesión, por supuesto. Una maravillosa ‘deformación’ profesional quizá y sinceramente, lo considero un auténtico logro. Fantaseo todo lo que puedo, menos de lo que quisiera, aunque no desee poner en práctica cada historia que mi mente creativa me muestra. Bien porque no me apetece o porque me generan temor las consecuencias personales, emocionales y sociales que pudieran traer. Muchas quedan en mi imaginario y las disfruto allí.

Sexualidad fuera de « lo normal »

Salirnos de la norma moral establecida puede generarnos conflicto, aunque también nos suele excitar la erótica de lo prohibido. Pero, ¿quién puede determinar qué debo desear, cómo y cuándo?

Es curioso que en Estados Unidos aún exista el delito de sodomía al practicar sexo anal y las relaciones coitales sin casarse estén prohibidas en según qué estado. ¿Lo cumplirán las personas solteras? China prohíbe mirar a los pies de las señoras y Rusia los besos muy apasionados en público. Sí, increíble pero parece ser cierto.

¿Qué es ‘lo normal’ en la sociedad española?

Seguimos siendo una sociedad coitocéntrica. « ¿A qué edad mantuviste tu primera relación sexual completa? » Me preguntó un ginecólogo. Yo contesté: « ¿Completa?, ¿Se refiere a satisfactoria? » Él, sonriendo enternecido por mi ignorancia, me comentó lacónico: « No mujer, coital ». Dio por hecho que tenía que practicar el coito, pero a mi historial clínico parece que no le importa si disfruto con ello.

Si la gran mayoría no quiere reproducirse cada vez que mantiene relaciones sexuales, ¿por qué seguir realizando con tanta frecuencia la única práctica natural que nos llevaría a ello? Tampoco es reconocida como la más placentera físicamente, sobre todo por las mujeres. Recordaré que, salvo la llamada plataforma orgásmica, que supone el primer tercio de la vagina, esta es bastante insensible en comparación con el clítoris por ejemplo. El coito vaginal es práctica de riesgo para el embarazo no deseado y una de las más arriesgadas en cuanto a infecciones de transmisión sexual, si no se ponen los medios adecuados. Sin embargo, es algo psicológico y social. Aunque aparezca dolor, se desea y generalmente, no nos sentimos normales si no lo practicamos.

La falocracia, o culto al pene erecto y vigoroso, sigue siendo muy común en nuestra cultura y sin éste no podemos conseguir la penetración tradicional. Así que ya sabe, si no hay erección, no puede mantener relaciones sexuales completas ni satisfactorias y es ‘anormal’ y si hace alguna otra práctica sin contar con su pene, es un pervertido. No lo digo yo, lo dice nuestro marco referencial social y cultural, cargado de modelos erróneos pero que aceptamos y creemos apropiado.

Además somos monógamos, aunque sucesivos, al menos de cara a la galería. Aunque la doble moral está muy extendida, no sólo en nuestro país. Heteronormativos, seguimos pensando en hombre y mujer al hablar de pareja y la homofobia sigue vigente en nuestros días.

La deseabilidad social nos hace esclavos sexuales. Tememos expresarnos libremente y no ser aceptados, lo que genera disfuncionalidad y pacientes en las consultas. El miedo a ‘no dar la talla’ o no sentirnos representativos de nuestro género, es bastante recurrente. Somos una sociedad sexista, en la que si no cumplimos con lo que se espera de nosotros, nos sentimos rechazados y anormales. Los estereotipos de género, construidos social y artificialmente, suelen generar displacer y bloquear nuestro sistema fisiológico innato, al igual que nuestra capacidad de disfrute.

Otros factores, como la edad biológica o la fértil, nos marcan las prácticas consideradas apropiadas en nuestra cultura. A qué edad podemos empezar a tener relaciones genitales o debemos dejar de tenerlas es un imperativo social y no siempre natural. Por ejemplo, en la senectud podemos tener una sexualidad muy despierta, funcionar bien fisiológicamente y, aunque no fuera así, tener un deseo estupendo y disfrutar la sexualidad de manera plena. Y en la infancia encontramos que muchos niños y niñas, estimulan sus genitales desde los 2 o 3 años, sin intencionalidad sexual pero obteniendo placer.

ANA SIERRA

Leer más: El mundo del 2 de diciembre 2015


La pasión de Mademoiselle S’ Lettres d’amour 1928-1930

Une histoire étonnante et un heureux hasard font qu’un jour en voulant débarrasser une cave, Jean-Yves Berthault, intrigué par des bocaux vides, protégés par des vieux journaux, s’empresse de les déplacer pour révéler ce qu’il pressent immédiatement  : un « fabuleux trésor » ! une sacoche en cuir gravée d’initiales contenant une multitude de lettres.
En poste à Brunei, cet ambassadeur, va passer un an à les lire, à retrouver une chronologie, à sérier, et à sélectionner, de sorte qu’apparaisse avec la plus grande netteté l’évolution de la relation. Il ne reste en effet dans le livre que 61 lettres sur les quelque 200 que contenait la sacoche. Il va surtout découvrir cette tragique histoire d’amour entre Simone et Charles, la passion dévorante qui unit cette  jeune femme à cet homme si beau et si confortablement marié, à qui elle se donne sans concession jusqu’aux  perversions sans limite afin de garder cet amour impossible.
Cette jeune femme de bonne famille,  moderne, dans les mêmes années que l’héroïne de Belle de Jour, se laisse alors entraîner dans une prose d’une crudité sans égale, cherchant dans la transgression, à susciter en vain l’éblouissement et l’amour de son amant en devenant sa « salope chérie » !

Florence Briat-Soulié / 14 mai 2015 

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Una postal erótica, editada hacia 1915, época de ‘La pasión de Mademoiselle S.’ Photo by Bob Thomas/Popperfoto/Getty Images

Un libro reúne una selección de las cartas eróticas que encontró en un desván el diplomático Jean-Yves Berthault, un alarde de enigma y lujuria

Entre el erotismo y la erotomanía

Algo así como un siglo quedaron sepultadas en una caja y dentro de una cartera de cuero las cartas que Simone (una anónima Simone) escribió a su amante Charles entre 1928 y 1930. Textos furtivos que alguien guardó serenamente en un desván para que otro alguien los descubriese. Había en el gesto de conservar estas hojas viejas una ambición: la de que fuesen leídas de nuevo. Casi como un fetichismo de papel. Casi como un pecado. Casi como una fiesta. El diplomático francés Jean-Yves Berthault recuperó aquel conjunto hace algunos años mientras ayudaba a una amiga en la mudanza. Encontró la caja detrás de unos marcos viejos. La abrió. Halló una cartera de cuero y de ella extrajo un puñado de sobres. Buscó por dentro y silabeó al azar algunas líneas con la extrañeza de quien irrumpe en un secreto que no estaba previsto.

Aquel material resultó fascinante. Doscientas misivas de una calentura insólita. Extremada. Hiriente. De un erotismo que llega sin prejuicio a la pornografía. Un detallado relato sin exceso de literatura. Tan sólo con el menester de fijar en papel un deseo. Una pasión. Una lujuria de dos cuerpos que se exploran hasta donde casi nadie confiesa. Una literatura fisiológica que Berthault descifró siguiendo la misma secuencia que establecen ciertas novelas. Y con ese aire de historia real e inverosímil a la vez, reunió una selección de piezas y le dio este título al conjunto:La pasión de Mademoiselle S., publicado en España por Seix Barral.

«Tuve la extraña sensación de que ahí, al alcance de la mano, tenía una aventura extraordinaria, de que estaba ocurriendo algo importante», dice el diplomático. «Como cuando a uno se le presenta una buena oportunidad y cree ser testigo de un milagro, y se le pone la piel de gallina… Le compré a mi amiga la correspondencia entera y aquí está». Tardó un año en fechar la secuencia. Y algo más en ordenar los documentos, en escoger los más interesantes, en armar el puzzle cambiando los nombres para evitar que alguien, aun 100 años después, pudiera identificar a los protagonistas. Él tampoco sabe quiénes fueron. La caligrafía de los originales es limpia, lenta, concentrada. Y lo que revelan: ardiente, feroz, vibrante. Al placer del texto se suma el placer del sexo.

«Bajo esa caricia nueva tiembla y vibra todo tu ser. Tu cuerpo pesa sobre mi cuerpo, sólo somos uno, nos abrazamos estrechamente. Y, durante largos minutos, lamemos mutuamente nuestras carnes hasta el delirio, y el goce ardiente y doloroso nos mantiene jadeantes». Es el tono general de la correspondencia, aunque ésta es su parte más suave, incluso la más lírica. Las cartas, en orden cronológico, dan cuenta de un celo creciente donde ella, Simone, lleva la brújula. Ordena. Pide. Exige. Descubre. Inflama. Charles se deja llevar. Mejor: se deja hacer.

El erotismo de las primeras alcanza temperatura de obsesión más adelante. Charles está casado. Es más joven que ella. Ella es una mujer libre que ha encontrado en esa libertad una conquista y un campo de pruebas. Su cuerpo es el mapa. Al principio los encuentros furtivos suceden varios días a la semana, pero la cadencia y el tiempo enfrían antes o después los fuegos. «No puedo dormir, amor mío, soy espantosamente desgraciada y tengo el corazón encogido. Me pregunto qué ocurre para que te hayas vuelto de pronto tan indiferente, tan despegado de nuestra pasión, hasta el extremo de que puedas estar tres largas semanas, casi un mes, sin que nos veamos».

Sucede que el tiempo todo lo cura como todo lo traiciona. Incluso las más fuertes historias de amor. De sexo y amor. Como en Las once mil vergas, de Apollinaire. Como Historia de O., de Pauline Réage. Como Justine o los infortunios de la virtud, del Marqués de Sade. En esa órtbita se instala esta aventura que tiene su charca originaria en los años 20 de París, cuando los sueños aún eran ciertos e imposible su herida.

No se trata exactamente de literatura, sino de vida vivida. El funcionamiento intelectual de los textos está fuera de la moral. Tan sólo sirven en el espacio donde la intimidad se dispara sin dios ni amo. «Sí, Charles, cuando vuelvas nos entregaremos a los delirios más intensos. Nuestros cuerpos estarán irresistiblemente unidos por miembros sobrenaturales, y ya nunca más, no, nunca más, podremos olvidarnos. Pues ¿no eres el mejor amante? Pues ¿no eres la mejor amante? Pues ¿no formamos los dos cuatro cuerpos? ¿Por qué buscaríamos en otra parte las ebriedades que jamás podrían igualar nuestro vicio mutuo? Los amores como los nuestros son cosa rara». Cuatro cuerpos en la cama: todos son hombre, todos son mujer. Y sus apetitos, insaciables.

Dos años duró la relación. Charles dejó de ir en busca de Simone. Ella quedó devastada. No se sabe qué sucedió. Tampoco si existieron en lo real. O si ella es ella. O si ella es Charles mientras otro fue Simone. Qué más da. Pocas veces una correspondencia dejada al azar despierta tanto enigma excitado, tanta mística de la sexualidad abierta, tanto freudismo pantagruélico, violento e incesante. Casi en estado de emergencia, como si sólo se pudiera soñar.

ANTONIO LUCAS (Madrid) El Mundo – 26/01/201612:27


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El arte del squirt

¿Qué es el squirt? Se trata de eyaculación femenina, o sea que encontrar el Punto G. Se ubica detrás del hueso púbico, en torne a unos 2.5 y 7.5 cm según las mujeres, en dirección al ombligo. Con los dedos se nota una zona dentro de la vagina más rugosa.

Lo aconsejado para alcanzar el squirt es:

1. Excitarse para agrandar el Punto G y encontrarlo con más facilidad.

2. Introducir los dedos en la vagina y localizar la parte rugosa.

3. Estimular el clítoris y masajear el Punto G al mismo tiempo.

4. Evadirse mentalmente para no centrarse en el squirt.

Puede ser que no se logre a la primera, se trata de un ejercicio que ejecutar regularmente. Puede ayudar también la práctica de los ejercicios de Kegel.

Se puede encontrar un articulo completo en Cosmopolitan N°292 enero de 2015


Sexualité et spiritualité

Ce numéro nous explique comment la sexualité peut nous ouvrir à la spiritualité et au sacré.

Dans un premier temps, les spécialistes soulignent les écueils de notre représentation actuelle de la sexualité :

  • Nous confondons amour et désir.
  • Nous avons remplacé le poids de la morale par celui de la performance. Le désir de jouissance s’est muté en obligation.
  • Nos sociétés de consommation ont soumis cette activité naturelle aux lois du marché.

Mais il est des traditions selon lesquelles la sexualité s’enracine dans une dimension cosmique. C’est le cas du tantra hindou. Il relie les forces élémentaires de la nature à l’érotisme. Une personne nous fait part de son vécu avec l’océan. Moi je peux témoigner d’une expérience semblable. J’étais sur une ravissante petite plage nudiste en Catalogne et je me suis sentie totalement érotisée par le paysage, le soleil, la chaleur. Mes sens étaient aiguisés, en éveil, en attente de jouissance.

Le Dr Shakti Malan va plus loin. Elle déclare que si l’on accepte le désir, sans le refouler ni le satisfaire, il peut devenir un moyen de présence à soi pure et donc un espace de méditation.

Pour le Dr Wilhem Reich, l’orgasme est une relaxation soudaine, un lâcher prise qui permet la circulation d’énergie vitale qui irriguerait le corps entier via un abandon du contrôle de soi. Et Gérard Guasch, maître taoïste, d’expliquer que c’est par cette perte de nos repères habituels qu’on peut accéder au spirituel.

Voici une manière très intéressante et constructive d’envisager la sexualité autrement et bien au-delà de ce que nous en connaissons. D’ailleurs, les spécialistes nous indiquent que les chemins qui mènent à une sexualité spirituelle, impliquent des pratiques aux antipodes de celles que nous pratiquons habituellement. Les articles suivants approfondissent encore, en parlant de la sexualité comme outil de transformation de soi, du couple voire de nos sociétés.

Inexploré n°27

La sexualité
pour s’éveiller au sacré